










Ha terminado septiembre con un suspiro y un palpitar de bolígrafos sobre la mesa. Sí, para mi ha terminado septiembre y comienza ese espacio que se abre al final de los exámenes. Creo que me he teñido de color libro, de color escritorio y necesito ver la luz del sol. Aún no me atrevo a buscarla en la calle y, con el síndrome de Estocolmo a cuestas, la busco en la red. Pongo luz en el Google y nada me convence. Luz. Luz del día. Y no aparece lo que busco. Me tiro sobre la cama, cansado y los ojos se me cierran. No. No. NO. No no. Entre la nebulosa me despierto y busco los ojos de un amigo. Una mirada que encuentra el azul del cielo como ninguna otra. Busco en la red a Nono García, y su blog Proceso Creativo. Allí veo el cielo que me ha faltado. Ese azul que se esconde tras las nubes y las casas ocres. Ahora sí estoy dispuesto a salir a la calle y comprobar que todo sigue igual. Pero abro la ventana y es de noche. Me quedaré paseando por el blog del artista.
Hace ya casi un año que me enviaron, desde el Magacine Paralelo, esta imagen de un ilustrador de prestigio llamado Raúl. Me pidieron que les narrase la historia que encerraba la imagen. Ésta fue mi aportación, y la publico aquí ya que parece que se ha diluido en el mundo virtual. Forma parte de la misma revista en la que debía aparecer la entrada anterior: Literatura sonora.