martes, 14 de diciembre de 2010

Ya a la venta


Amigos, esta mañana hemos dejado unos cuantos ejemplares en la librería de Gonzalez Palencia en Murcia. Por lo que ya deben estar disponibles para su venta, el libro tiene un coste de 10 Euros. También hemos creado la siguiente dirección: gramosdeliteratura@hotmail.com por si queréis dejar algún comentario del mismo. Si vivís fuera de Murcia y deseáis conseguir un ejemplar escribirnos a esa dirección y vemos como os lo podemos enviar.

Por cierto, esta mañana hemos pesado el libro y casi lo conseguimos...270 gramos. Bueno, unos gramos extras nunca vienen de más para estos frios.

Un saludo a todos.

Culturajos.

lunes, 13 de diciembre de 2010

200 gramos de literatura


Después de un año de preparativos e intensas negociaciones ya ha nacido nuestra criatura: 200 gramos de literatura. Un libro de relatos escrito por Pedro García Martinez y Antonio Pérez Abril. El libro consta de quince relatos que abarcan distintas temáticas y que esperan arrancar al lector alguna sonrisa o despertar aquella ilusión que nosotros como autores hemos intentado transmitir a nuestros escritos.

Si el destino no lo impide mañana tarde podrá adquirirse en la librería de Diego Marín en Murcia o también preguntar por el a través de este blog.


Poco a poco publicaremos más información sobre la presentación del libro así como nuevos puntos de venta.


A la salud de todos.

Culturajos.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Foto-Impactos de Roland Barthes

Hace unos días leí un artículo de Roland Barthes en su libro Mitologías que me pareció bastante interesante. En él, Barthes analiza los distintos signos de impacto en la fotografía artística. Empieza Barthes emulando un artículo de Geneviève Serreau de su libro sombre Brecht en el que hace mención a una fotografía de la revista Match donde se aprecia una ejecución de guatemaltecos comunistas. Dicha fotografía no es terrible en sí, sino que nos horroriza, según Serreau, por el hecho de que la apreciamos desde nuestro seno de libertad. Sigue Barthes narrando su experiencia tras visitar una exposición de foto-impactos en la galería d´Orsay y tras la cual llegó a la conclusión de que ninguna de las fotografías llegaron a impactarle. Una de esas fotografías consistía en una columna de condenados o de prisioneros en el momento en que se cruzan con un rebaño de carneros. El motivo del escaso impacto producido por la fotografía lo atribuye Barthes a que el fotógrafo nos ha sustituido de forma bastante generosa en la conformación de su tema ya que sobreconstruyó el horror que nos propone añadiendo al hecho, por contrastes o aproximaciones, el lenguaje intencional del horror. Frente a estas fotografías nos encontramos como desposeídos de nuestro juicio. Alguien ya se ha estremecido por nosotros, alguien ha juzgado por nosotros, en este caso el fotógrafo, y lo único que consigue es que apreciemos la fotografía con un interés meramente técnico o intelectual, pero nos es imposible inventar nuestra propia recepción a ese alimento sintético, ya totalmente asimilado por su creador.

De todo esto podemos deducir que cualquier foto-impacto es falsa porque han elegido un momento intermedio entre el hecho literal y el hecho aumentado. Sólo pretendían hacer signos, sin consentir en otorgar a esos signos, por lo menos, la ambigüedad, la lentitud de lo denso.

Por otro lado podemos encontrar alguna fotografía, genralmente las de agencia, donde el hecho captado se nos presenta en su natural estado, en toda su literariedad, y es allí donde el impacto es mayor ya que nadie ha intervenido por nosotros a la hora de captar ese horror y es lo natural de esa imagen lo que te obliga a una interrogación violenta. Se trataría de la catarsis crítica pregonada por Brecht y ya no de una purga emotiva. Barthes finaliza el artículo indicando que la fotografía literal introduce al escándalo del horror, no al horror mismo.

sábado, 20 de noviembre de 2010

el verdadero nombre de Francisco Umbral



Fue en el bar Salazar de Mula, apoyado en la barra y junto a una cerveza, donde Paco Ros me habló de su tocayo Francisco Umbral. Allí me abrió la puerta de su obra. Y es que no dejaré de reconocer mis grandes vacíos literarios. Apoyado en la barra me habló de Umbral y de su estilo. Quedé sorprendido, porque Ros es así, transmite una pasión por la belleza deslumbrante.

Hace unos días, en la librería París Valencia, encontré una biografía del mismo escritor vallisoletano y por su módico precio, no llegaba a tres euros, decidí llevármela y conocer algo más sobre la vida Umbral. Ya había leído varios libros de él y me había sorprendido. Me dejaba extrañado ante sus reflexiones y pensé que aquel libro me podría abrir los ojos sobre Mortal y Rosa, entre otros. Leí la biografía de Anna Caballé y inmerso en él, descubrí la novela de la vida de Umbral. Lo aconsejo. Si alguien quiere y puede, que conozca la trayectoria vital e infantil de Francisco Pérez Martínez: el hombre que quiso ser escritor.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Amanecer

Esta mañana he decido no ir a clase.
Quizás ha sido por verla a ella tras los cristales.
La lluvia, difuminando la vista, emborronando la realidad.
Habrá sido la lluvia y esta realidad de acuarela.

jueves, 11 de noviembre de 2010

El verdadero nombre de Mark Twain


Nunca me había preocupado por conocer la biografía de Mark Twain hasta que encontré un libro en valenciano que hablaba de este autor. Ya que estaba estudiando esta lengua y el libro era muy económico, lo voy a comprar y comencé a leer con la única intención de ampliar vocabulario; pero aquí me llegó la sorpresa: cuando comencé a leer, me di cuenta de que era una vida muy interesante. Huérfano desde muy joven, comenzó a trabajar para poder alimentar a la familia. Trabajó en los barcos que surcaban el Mississippi, trabajo de impresor para periódicos locales y viajó por Europa para superar una crisis económica. Una vida intensa y muy interesante si alguien se anima a conocerla.

Pero lo que me llamó especialmente la atención fue su nombre: Samuel Langhorne Clemens. Casi nada. Y yo creyendo que Mark Twain era su nombre real. Continúo. En su etapa juvenil quiso aprender a navegar y en su aprendizaje en los barcos se dedicó durante un tiempo a anotar la profundidad del río para comprobar si era navegable o no. En el argot de los marineros se utilizaba la expresión “wain” para indicar dos brazadas, que era la profundidad mínima navegable en el río. Así, el que anotaba (to mark) estos datos era nuestro autor y le pusieron el sobrenombre de Mark Twain en este trabajo. Así que este fue el origen del nombre que posteriormente pasaría a la historia de la literatura unido a obras como La cabaña del Tío Tom o Las aventuras de Tom Sawyer

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Confieso que he vivido

La siguiente entrada la ha escrito el ya conocido Potro de la Venta el Pino.
Como siempre es un orgullo para esta casa contar con sus escritos.
Culturajos.

Me mantengo despierto a horas intempestivas, con la vista cansada tras leer miles de comics de dudoso gusto. Mientras, suenan sin parar, las memorias del espantapájaros de Mclan. Al llegar casi al límite de la extenuación, siempre cierro los ojos y me sumerjo en el océano de mis recuerdos. Un viaje que, ni mucho menos, es nuevo para mí, pero su desarrollo siempre varía a merced del capricho de mi estado de ánimo. A veces se trata de un agradable baño en las aguas tranquilas del Pasico de Ucenda, cuando el calor del verano se encuentra en su máximo exponente. Otras, es el mismísimo relato de un naufrago con el que García Márquez consiguió que nunca volviese a aproximarme a ningún vehiculo de transporte marítimo. Pero hoy todo es distinto. Mi estado es completamente neutro. Mi corazón no alberga ni amor ni odio. Parece que, por fin, la guerra entre mis sueños y pesadillas, entre mis anhelos y mis miedos, se ha tomado esa necesaria jornada de bandera blanca. Tal vez por esto no me zambullo entre mis recuerdo como tantas veces antes. Hoy solo me dispongo a disfrutar como un mero espectador, tal como hacía el caminante sobre el mar nubes, protagonista de aquel cuadro cuyo autor nunca puedo recordar.
Los recuerdos se van sucediendo ante mis ojos con el embriagador ritmo de un jazz de Coltrane. Aquellos primeros amores, aquellos primeros besos que nunca olvidaremos, las miradas cómplices, los encuentros nocturnos… a la par, también encontramos esos desamores de antaño, con sus lágrimas, desesperación, tristeza y abandono. Es gracioso ver como, al igual que en la vida misma, siempre ambos van de la mano. Pero no solo de amor vive el hombre, aunque a veces sea tan difícil así creerlo. También las imágenes de familiares y amigos tienen cabida dentro de este film en el que me encuentro embebido. Todo tiene cabida dentro del singular argumento, desde esas visitas a casa de la abuela, en las que los huevos fritos y los bocadillos de nocilla eran el más exquisito de los manjares, hasta largas horas de barra en las que, al menos uno de los parroquianos, tenía algo que contar.
Las imágenes pasan una tras otra mientras me limito a disfrutar de su visionado. Hoy no es un día para evaluar el recorrido, solo para disfrutar del paisaje. Así podré meterme en la cama sin pensar en el tiempo perdido, solo en el ansia de gritar a los cuatro vientos: ¡Confieso que he vivido!

La imagen se titula: "Caminante sobre el mar de nubes" de Caspar David Friedrich.

martes, 2 de noviembre de 2010

Bob Esponja y los maestros de la República

Acabo de ver El lápiz del carpintero. Sí, he dicho bien: ver y no leer. No creo que tenga tiempo de leer todos los libros del mundo, tampoco de ver todas las películas, así que me daré tiempo para ambas actividades.


Entre otros, el libro que estoy leyendo se llama algo así como Maestros de la República. Esperaba un texto para ensalzar a los educadores de la época, y los llamo educadores en toda la connotación de la palabra, y en el primer caso: el caso de Arximiro, me he tenido que parar, he tenido que salir del libro a coger aire, y aún estoy respirando. Ha sido en esta pausa en la que sin saber, me dispuse a ver la película del inicio y el mismo dolor del maestro Arximiro lo he sentido con el médico de la película. Son dos obras dolorosas. La maldad como eje. La venganza. La guerra como exaltación del hombre como un lobo para el hombre.



Es solo una reflexión, un estado de dolor que continúa con la relación Hernández y Sijé. La pérdida. Creo que en los próximos días veré Bob Esponja para que la mirada de los niños me salve. Levantarse todos los días con una sonrisa. Ir a trabajar sonriendo. Confiar en el que tenemos al lado. Y reír de manera gratuita, como un paciente psiquiátrico.



Voy a poner la televisión. Siempre hay un capítulo de Bob Esponja en algún canal. Aprieto el botón de encendido y, oh sorpresa: la televisión no funciona.

domingo, 31 de octubre de 2010

Los pseudónimos de Ramón Sijé



Entre los muchos seudónimos que usara José Ramón Marín, el más famoso es el de Ramón Sijé, un anagrama entre las nueve letras de su nombre y primer apellido José Marín / Ramón Sijé (lo vemos en la imagen). Pero según la docta opinión de José Muñoz Garrigós, en su libro Vida y Obra de Ramón Sijé, Universidad de Murcia/Caja Rural Central de Orihuela,1987, con prólogo de Jesús Manuel Alda Tesán, escribió en la página 25:

...el hecho de que su segundo nombre fuese Ramón resulta, a este respecto, absolutamente aleatorio, y no es más que una mera coincidencia: no he encontrado testimonio alguno, ni siquiera entre sus más allegados, de que existiera en él la más mínima voluntad de utilizar su segundo nombre de pila.


Sin embargo, no estoy del todo de acuerdo con el feliz hallazgo del anagrama entre las nueve letras de su nombre y primer apellido, porque las posibilidades de encontrar otros nombres como resultado del juego gráfico, nos pueden llevar a otros nombres como: Simón Reja o Román Seji o Jise y otros muchos si indagamos en las combinaciones posibles sin alterar el orden de números y letras, como es obvio. Por ello estoy convencido de que Ramón corresponde a su segundo nombre de pila y Sijé es especulativo como las versiones dadas por José María Balcells en Miguel Hernández, corazón desmesurado, (1975), donde escribe que tiene un parecido con Psijé: alma en griego, «una voluntad auroral de afirmación del espíritu». En la tesis de Odón Bentanzos, se afirma también que lo de Sijé, «lo había sacado de la palabra griega que significa alma». Otros escriben Sitjé, con una “t”, que es un error.


Continua un poco más abajo así:


Empezó José Ramón Marín usando el seudónimo Chás el 20 de junio de 1929 en Actualidad para sus artículos político–literario, le trajo ciertos problemas con la segunda colaboración Mi tío Samuel. (Cuento sin Moraleja), con Riegos de Levante y Eléctrica de los Almadenes porque se sintieron aludidos. Después cuando dirigió la revista Voluntad es cuando usó más seudónimos entre ellos, anotados por Muñoz Garrigós: José Oriolano, Rataplán, Lola de Orihuela Sascha, Marcelo de Nola, Babbitt, y Don Pepe 1931. El mismo autor nos dice en la página 45 de su libro ya anotado al principio que “...ni Chás, ni Rataplán, ni Sasch, ni Marcelo de Nola pueden ser fácilmente relacionados ni con su persona ni con sus escritos. La posibilidad de usar tantos seudónimos se debía a que como él dirigía Voluntad, no tenía colaboraciones suficientes. Después de usar tantos seudónimos se ha quedado para la posterioridad con el más coloquial «compañero del alma», que le diera Miguel Hernández en la Elegía, poema 29 en El rayo que no cesa.



Los textos, que no son míos, los podéis encontrar en su original aquí: http://www.orihueladigital.es/orihuela/puntos/ramon_fernandez_ramon_sije_240205.htm


viernes, 29 de octubre de 2010

Cosas de amigos: Ramón Sijé y su noble calavera

Hoy me he despertado con un palpitar de Sijé en el recuerdo. Siempre pensé que los versos de Hernández era una creación sin realidad de fondo. Ese:



Quiero escarbar la tierra con los dientes,

quiero apartar la tierra parte

a parte a dentelladas secas y calientes.


Quiero minar la tierra hasta encontrarte

y besarte la noble calavera


y desamordazarte y regresarte




Siempre me ha conmovido especialmente. Pero después de escuchar la explicación del hermano de Sijé (creo que fue el origen de esta manía), he comenzado a comprender. Perdón por mi ignorancia.
Parece que José Marín y Miguel Hernández habían llegado al acuerdo de que el que quedase vivo de los dos haría con sus propias manos el hoyo que sepultaría el cuerpo de su amigo. Vaya promesas de jóvenes. Pero las circunstancias hicieron que la muerte de Sijé encontrase a Hernández en Madrid. Cuando quiso regresar para el entierro, el cuerpo del amigo ya estaba enterrado. El dolor de las viejas promesas tuvo mucho que ver en estos versos. Si ya eran dolorosos, ahora, con esta explicación, las palabras se clavan como las promesas incumplidas.

martes, 26 de octubre de 2010

La balada de Tolito

Hoy me he sentado sobre la nostalgia y, sin saber bien el motivo, se me han mezclado los amigos. Las noches de cervezas, las conversaciones que me invento y el tiempo que hace me han llevado a Tolito y en él he visto al Fumador, al Potro de la Venta del Pino y, en algún momento, ha aparecido Quisque. Personajes y más personajes. Creo que esta palabra ya me trajo todos los desaires de la “amistad”, pero me gusta.



Os dejo esta canción y estas palabras. Ninguna de ellas es mía. La canción es de Sabina y las palabras, del diccionario.

martes, 28 de septiembre de 2010

La dolce vita

A Perich
El Fumador ha vuelto de nuevo a Murcia. A la calle Junterones. Nada ha cambiado en todo el verano. La frutería, el estanco, la panadería. Todo sigue en su sitio. Al entrar al piso el polvo lo invade todo. Polvo de soledad, de atrapamiento. El polvo sobre los libros, sobre las estanterías. El polvo del verano pasado. Cuando todo está limpio el fumador decide colgar un cartel que compró este verano. Es un cartel de una película, La Dolce Vita de Fellini.

El fumador cuelga el cartel en la entrada del piso. Siempre que sale, cuando vuelve, lo primero que encuentra es ese cartel, el cartel inmóvil en el piso vacío y lanza una moneda al videt mientras pide un deseo. La Dolce vita, piensa el fumador y sonríe. El fumador ha aprendido que unas simples palabras pueden alegrar la vista cansada.
Ahora, todos los días, al entrar al piso lanza la moneda y todo se queda en calma. Escucha el sonido del cobre zambulléndose en el agua del videt. Quizás algún día el videt se convierta en la Fontana di Trevi y el fumador pueda probar los labios de Anita Ekberg, o quizás nunca ocurra nada y el videt se llene de monedas y el fumador pueda comprar un par de deseos. Pero de momento es sólo eso, un videt lleno de sueños.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Vacaciones forzosas

Cuando las palabras nos dan la espalda nada se puede hacer con ellas. Aquí toda mi producción veraniega

BOLONIA


He caminado sobre los restos otoñales

de las grandes avenidas,

he pisado las doradas alfombras de noviembre,

cabalgando sobre un sueño presente

he visto el horizonte.


VALENCIA


Cada noche, en tus ojos,

o en la suciedad de los armarios

que escurren en la cocina.

En el desorden de las botellas,

en los restos de la cena.

En cualquier rincón se esconden

esas migajas que llaman poesía.


lunes, 9 de agosto de 2010

Una despedida

Deja las llaves del coche sobre la mesa y se despide. Su voz es apenas un susurro, una puerta que se cierra bajo el empuje del aire.

- Me marcho – y baja la mirada hasta los pies de ella. Los zapatos que compró en Barcelona hacía ya cinco años. Desgastados y resquebrajados, eran el recuerdo que pisaba Montse.

- Vale – ella no sabe qué decir. Se arrepiente de haber tomado la decisión. Los dos niños están durmiendo. Los ha acostado pronto para que no vieran la salida de su padre. Él los arropó antes de darles el beso de buenas noches. El último. Que se nubló por culpa de las lágrimas.

- Me voy a casa de mis padres – y mete los calcetines de hacer deporte en la maleta. Es nueva. La ha comprado en una tienda de chinos para realizar el traslado. No quería utilizar las maletas de viaje. Demasiados recuerdos para luego deshacerlas en casa. Mejor así.

- Bien – y le devuelve la novela que estaba leyendo. Montse le quita el marcador de páginas y la mete en la caja con el resto de libros. Javier le había contado alguna vez que en su última relación había perdido algo más que una pareja. Montse no quería que la recordara como la que se quedó con Providence. No. Mejor no.

- Termina de leerlo – era una excusa para volver a verla. Un motivo de reencuentro. Una forma de seguir perteneciéndose.

- No. Prefiero que te lo lleves. Además, no lo entiendo – Javier sonrió. Tampoco lo había entendido. Era una lectura placentera. Una página y otra. Una aventura. Sexo. Desasosiego.

- Yo tampoco lo entiendo – lo dijo con todas las intenciones posibles. Miró a Montse a los ojos, pidiendo una oportunidad. Ella bajó la mirada. Sonrió. Llevaba los zapatos sucios y no había elegido bien los calcetines. Pensó en sacar unos de la maleta. Pensó en limpiarle los zapatos. No. Ese sería el final. Si le sacaba los calcetines de la maleta todo volvería a comenzar.

- Cierra la puerta con cuidado, los niños duermen.

- Mañana pasaré a por los libros.

- No. Te los mando con una empresa de paquetería.

Javier agarró la maleta con furia. No pudo retener las lágrimas. Se lanzó con desesperación hacia Montse y ambos cayeron al suelo. Un grito infantil interrumpió la escena.

- Mamá – era el pequeño Javier que había estado contemplando la escena, en silencio, desde el hueco de la escalera.

Montse se recompuso la ropa después de aquel envite. Miró simultáneamente hacia Javier hijo, después hacia Javier padre.

- Ve a tu habitación – el niño desapareció de la escena. Montse se arrepintió de haber gritado y subió corriendo las escaleras. Entró en la habitación y encontró a Javier escondido debajo de la cama. – Sal cariño.

- No. Yo solo quería que papá no te pegase. – Montse logró que saliese de debajo de la cama, lo abrazó y le acarició el pelo.

- Papá no me estaba pegando. – Las lágrimas comenzaron a caer por su cara, mojando la del niño.

- Y entonces ¿por qué lloras?

- Papá nos quiere.

- Eso ya lo sé, pero te estaba rompiendo la camisa – Montse se ajusta la ropa. Le faltan dos botones y se le ve la ropa interior por el espacio desabotonado de la camisa.

- Son cosas de mayores Javier – Lo abraza con todas sus fuerzas.

- Me haces daño mamá.

- Perdón.

Al fondo se escucha una puerta cerrarse. Con cuidado. Sin golpes. Como una vida que se apaga lentamente. Montse deja al niño sobre la cama, le dice que la espere, que volverá enseguida. Corre escaleras abajo. Ya no está la maleta. Ni Javier. Ha dejado sus llaves, su teléfono. Todo ha quedado sobre la mesa. Montse sujeta fuerte el pomo de la puerta. Llora. No se atreve a salir corriendo tras él. Sube de nuevo a la habitación del niño y allí, mientras llora, los dos se quedan durmiendo.

martes, 3 de agosto de 2010

¿De qué sirve volver? (Poner música para leer)



Suave es esta noche de otoño. Noche de hojarasca, de luciérnagas, de gabán desgastado. La ciudad dormida descarga sombre mis pupilas la tenue luz de sus farolas. Veo mi reflejo en los charcos. A mis oídos llega un rumor de tráfico lejano, unos tacones alejándose, el recuerdo de unos ojos. Ojos de fuego que prendieron aquella locura de luz, donde cien dardos de bourbon impactaron en mi cuerpo desbaratando el mapa de tus sabanas. Y después el adiós. Adiós de madrugada. Un portazo. El piso solitario. El corazón palpitando. El perderme por los bares. El dejar la ciudad. El sabor de una lágrima.
Suave es la noche en otoño, otoño de zapatos tristes y gabán desgastado. Otoño de recuerdo. De imaginar que vuelvo y me besas. Que te miro y me desnudas. Otoño de un Paris bajo los puentes. De lluvia en los tejados, de una cama que tirita, de un teléfono enmudecido, de unos labios solitarios. Y es ahora, en esta noche de otoño infinito, donde me acuerdo de esos ojos, de ese verso ardiendo en tus mejillas. Ese que decía:

De que sirve volver, si de regreso, conoces de memoria las
barras de los bares y recitas cansado el nombre oculto que guardas
por si acaso no estás ebrio o el recuerdo que quema tu herencia
al fondo de los ojos.

Dime ojos tristes, ¿de qué sirve?, ¿de qué sirve volver si de allí de donde vengo ya no queda nada?
El verso en cursiva pertenece a Luis García Montero, de su libro "Poesía Urbana"

martes, 6 de julio de 2010

Mario Cuenca y el apocalipsis modo Pang

Reconozco mi ignorancia, aunque muchos se empeñen en reducirla, como es el caso de Javier Moreno. Debo confesar que no conocía a Mario Cuenca, que su nombre me sonaba como otro escritor joven más, y que hoy, mientras esperaba a que el horno transformase un trozo de salmón, me he decidido a leer algo suyo y cómo lo he disfrutado. Me he reído, me he asustado un poco, me he vuelto a reír, y al final he terminado el relato con gran satisfacción, con intención y necesidad de iniciar otro. Esto, reconozco que no es algo habitual en la lectura de relatos, al menos en la mía.


He terminado de leer un relato apocalíptico basado en un videojuego sencillo, como el Pang, como la vida misma. Lo he encontrado en la página de Literaturas.com, en una recopilación de “30 cuentistas sudamericanos” que ha realizado Claudia Apablaza y aquí os dejo el enlace.

Me ha gustado de Mario Cuenca su frescura, la narración cómoda y esa forma de huir de los dantescos mitos culturales para referirse a un Apocalipsis actual. Me ha encantado dejar atrás las lenguas de fuego y las trompetas para dar paso a las esferas de colores y sus rebotes. Me ha gustado ser parte de esta cultura de veinticinco pesetas, en la sala de juegos de mi pueblo, en la que acababan de quitar las mesas de pimpón para hacer sitio a los comecocos, al Street Fighter o al Tetris. Ay, la vida como un Pang o como un Tetris.


Yo voy a buscar más de este Mario Cuenca. Ahora me meteré en su blog, a ver qué encuentro por ahí.

martes, 29 de junio de 2010

Polvo en el aire

Qué razón tienen las palabras de Quique González. ¡Qué razón! Polvo en el aire, asientos vacios. Esas palabras que no paro de escuchar. Palabras que me repito una y otra vez. Polvo en el aire, asientos vacios. La despedida, la ausencia clavándose en la piel. Porque cuando alguien cercano se marcha, cuando algo se termina, sólo nos queda polvo en el aire, una estela de recuerdo, aquel tiempo vivido. Polvo en el aire, asientos vacios. La soledad intranquila, las casas vacías, las noches sin dormir, un coche alejándose en el horizonte fundiéndose en el sol del atardecer. Quizás Quique González compuso esa canción después de una despedida o tras terminar un buen libro, como me pasó a mí con El Extranjero de Camus, o tras ver una buena película, como me sucedió a mí con El Ladrón de Bicicletas. O tras una conversación con un viejo amigo en la barra del polígono, o tras cualquier cosa. No sé porqué escribió Quique González esas palabras pero para mí representan la esencia de lo vivido, del recuerdo. Ese escalofrío que te recorre la piel cuando vemos finalizado algo en lo que hemos disfrutado. Polvo en el aire, asientos vacios.

viernes, 25 de junio de 2010

El tio Petros

Hace unos meses me interesé por la literatura escrita por matemáticos. Ya veis, pequeñas excentricidades que tiene el lector. De esa curiosidad ha salido la reseña de Apóstolos Doxiadis que podeis leer en librosylibretas

miércoles, 23 de junio de 2010

Lo que un día me dijo mi padre

Hoy mi padre llegó a casa con su nueva peluca. Entró en la cocina mientras mi madre bajaba el fuego a las sardinas y yo terminaba de poner la mesa. Mi padre se quedó bajo el marco de la puerta con su nueva peluca. Era una peluca de pelo lacio, morena, una peluca que cubría su calva por completo terminando en un gracioso flequillo sobre la frente. En el momento que entró pareció como si el tiempo se detuviera, como si todo quedara en suspensión, a oscuras, como si el mundo dejara de girar y los rayos de sol se centraran todos en la nueva peluca de mi padre. Todo eso ocurrió mientras mi padre nos miraba desde el marco de la puerta. Serio. Con las manos en los bolsillos. Entonces mi madre lanzó un grito y yo no pude evitar reírme. Mi padre, ante los gritos de mi madre, frente a mi risa histérica, comenzó a ruborizarse y arrancándose la peluca de la cabeza liberó su calva que ahora relucía repleta de pelusilla negra. Se dio la vuelta dispuesto a marcharse pero antes de hacerlo me lanzó la peluca a la cara increpando aquello que yo comprobaría más tarde: La calvicie es hereditaria. Se marchó dando un portazo.

martes, 8 de junio de 2010

Feo, fuerte y formal

A veces paso horas mirando el rostro de John Wayne. A veces. Sucede que miro su rostro durante horas. Allí. En la pared. Un rostro que se esconde tras el humo de un cigarro. Algunas tardes, cuando las paso mirando a John Wayne, me pregunto qué habrá tras ese humo, qué se esconderá tras esa cortina densa y azulada que ondea estática en el aire. ¿Será John Wayne? Quizás sí, o quizás no haya nada, o encontremos algún personaje de Jhon Ford o al mismísimo Jhon Ford o a Jack Daniel´s. Puede que sea Jack Daniel´s guiñando el ojo, sacando la lengua, tras el humo del cigarrillo de John Wayne. ¿Qué habrá tras ese humo? quizás grandes llanuras desérticas o un prado verde donde canta bucólica Maureen O´Hara, o quizás sea el gran Jack, no el Daniel´s, sino el gran Jack y mire al cielo entre calada y calada. El humo siempre se hace más denso y me pregunto si a su través no se esconde un viejecito que camina por los parques con la boina entre los puños mientras mil palomas alzan el vuelo a su paso. Quizás John Wayne no exista y dedique tardes enteras a apreciar un cuadro vacío, como las autovías de madrugada. O tal vez John Wayne si exista y pase tardes mirando su cuadro hasta que me doy cuenta de que el humo no es de John Wayne si no del cigarro que me acaba de quemar los labios y se ha caído al suelo. Cuando recojo la colilla alzo la cabeza y allí está. Es él. Es John Wayne.

domingo, 30 de mayo de 2010

Ronda del Guinardó

No sé por qué, o quizá sí. Porque era un libro de segunda mano, era corto y yo acababa de llegar de Barcelona. Lo vi en la tienda, el precio no lo recuerdo, pero era muy bajo, y me lo llevé a casa. Marsé me llamaba la atención y lo leí. Para qué decir que me gustó, que me enganchó la prosa, el no decir nada y decirlo todo, el pasear por la ciudad como un observador y no como un héroe. Vamos, que la novela me encantó y me reconcilió con la generación de los cincuenta de la que estuve enamorado.

Os dejo una pequeña reflexión del libro en en la pagina de librosylibretas.

sábado, 29 de mayo de 2010

la metamorfosis

Y cuando el funcionario se levantó, se había convertido en un horrible insecto.

jueves, 27 de mayo de 2010

domingo, 23 de mayo de 2010

Inspector de superhéroes

Quisque nos manda esta viñeta que ha sacado de la basura.

viernes, 21 de mayo de 2010

Manuel Vilas y la Generación Nocilla


Hace varias semanas que terminé de leer Aire nuestro, de Manuel Vilas, y me dejó un sabor extraño. Después comencé a redactar una valoración sobre la obra, pero sigo con alguna duda que ahora os lanzo: ¿qué os parece este mundo de la "generación Nocilla" o de los "mutantes"? ¿Creeís que han conseguido lo que se proponían? ¿Han provocado un cambio o, al menos, el debate en el mundo de la literatura?

Sé que son muchas preguntas y controvertidas, pero creo en vuestro buen criterio.

Si alguien desea leer la valoración del libro de Manuel Vilas que pinche aquí
.

domingo, 16 de mayo de 2010

Recital poesía, Bullas

Es costumbre en Bullas desde hace tres años realizar un recital de verano con acompañamiento de guitarra española en el mes de agosto. Normalmente dicho recital es realizado en el patio de la casa-museo de don Pepe Marsilla, una antigua mansión ubicada en el centro del pueblo que años atrás había pertenecido a una de las familias más pudientes del lugar y que en la actualidad ha sido cedida al ayuntamiento. El lugar era bastante idílico para realizar el acto, pues se trata de un viejo patio castellano que, iluminado por una tenue luz, creaba un ambiente bastante acogedor. El acto era organizado por miembros de la antigua asociación cultural Zenobia, y varias personas del pueblo se subían al escenario y recitaban poemas, unas veces suyos y otras veces de los grandes poetas. Por desgracia el pasado verano el patio se encontraba en obras para su total restauración por lo que el recital se trasladó al Museo del Vino. Como novedad también fue que los encargados para organizar el acto fue la reciente asociación juvenil Circulo alternativo que mantuvieron la esencia de los antiguos recitales menos el cambio de ubicación por motivos ajenos a ellos.
Este fin de semana he conseguido por fin el video del recital, así que os dejo un extracto del mismo donde se recitan los poemas: Juguete de amor (Manolo Chinato) ; Autorretrato (A. Machado) y Elegía a Ramón Sijé (M. Hernandez).


Espero que disfrutéis del video y os animo a todos a que este verano os acerquéis a Bullas para gozar del recital, como oyentes o como lectores, eso ya es cosa de cada uno.




viernes, 14 de mayo de 2010

Anónimo Veneciano

Miguel Delibes ha visto pasar la vida en el pueblo y dice que nada es igual. Me lo dijo anoche en la barra del polígono mientras nos bebíamos unos anises y adivinábamos fantasías en el humo de nuestros cigarrillos. Miguel miraba al techo como buscando respuestas y después bajaba la cabeza hasta toparse con el borde de su vaso. La vida pesa, decía, como lo hacen los días y los recuerdos. Porque el tiempo es plomo y no oro y poco a poco nos va hundiendo en su miseria. Al oír aquellas palabras recordé mi niñez, los grandes bancales llenos de broza donde ahora sólo hay edificios, el sonido del afilador, aquellas aceras pobladas de zompos y canicas, de gatos asustados y rodillas raspadas y el parque. ¿Dónde está mi parque? ¿Dónde han ido a parar todos los arboles dónde dibujábamos corazones con nuestro nombre? La niñez es aquel estado inalcanzable al que no podemos volver y sólo nos queda el recuerdo, respondió Delibes. Daniel, el Mochuelo, lo descubrió hace tiempo, como también lo descubrí yo en su momento o tú ahora mismo. La vida sigue y un día de estos nos iremos y sólo algunos recordaran nuestros pasos. ¿De quién te acuerdas tú? Al decir esto se puso en pie. Terminó de ponerse su abrigo de cazador y con las manos en los bolsillos se encaminó hacia la puerta. Sólo entonces me di cuenta que Miguel Delibes caminaba como un hombre hundido, un tipo que, como Venecia, se va hundiendo sobre sí mismo. La puerta se cerró y lo imaginé cerrando los ojos, completamente satisfecho y abandonando el mundo como un anónimo veneciano.

viernes, 30 de abril de 2010

El poder de las palabras

Esa mañana de geranios rojos el niño aprendió que las palabras hacen cosquillas en el alma. Lo aprendió al escuchar a don Severiano, su profesor de literatura, recitar un poema de Machado. El niño no entendía lo que quería decir el poema pero vio a don Severiano reír. Todos los niños adivinaron su sonrisa entre los pelos de aquel gran bigotazo que lucía y después le oyeron decir: ¿Os dais cuenta? El poder de las palabras, de las palabras que hacen cosquillas, cosquillas en el alma. Todos los niños rieron también, como contagiados por aquellas palabras misteriosas.

martes, 27 de abril de 2010

Instantes de vagancia



Hay momentos en los que no apetece hacer nada, instantes de vagancia en los que uno deja la mente en blanco y se deja llevar. Me encantan esos minutos, ese tiempo en el que parece que desconectamos del mundo y nada nos preocupa. Ratos en los que me gusta pensar que soy un gandul con mayúsculas. Yo siempre he sido dado a siestas momentáneas y guardo gratos recuerdos de todas ellas. Lo malo de todo esto es que no siempre vienen cuando las necesitamos, al menos en mi caso, sino que en el momento en que menos te los esperas ¡zas! te quedas ausente y luego vuelves desorientado. Aunque después de muchos años he aprendido a predecirlos o mejor dicho a saber cuándo sufro de estos deliciosos instantes. Un lugar habitual es mientras conduzco. Hay veces, sobre todo cuando voy por la autovía, en los que al llegar a mi destino no consigo recordar el trayecto y me pregunto ¿Cómo he llegado hasta aquí? Pero claro, en la autovía es fácil dejarse llevar por la monotonía: rectas interminables, control de velocidad, un disco de tu gusto sonando en el radiocedé y una imagen en tu mente que poco a poco te comienza a arrastrar al universo de las fantasías. Lo curioso de todo es que este tipo de distracciones no son las causantes de los accidentes de tráfico. Las distracciones mortales son aquellas en las que nos distraemos de forma consciente: Encender un cigarrillo, una llamada al móvil, un paisaje memorable… Curioso ¿verdad?


Mi último instante de vagancia (por llamarlo de alguna manera) ha sido esta mañana, concretamente al hacer un descanso en el estudio. Me levanté a por un vaso de agua observando que en el centro del piso, en el lugar más luminoso del habitáculo, descansaba mi hamaca. Una hamaca que compré hace un año con mi amigo José María y que considero una de mis mejores inversiones. La hamaca estaba extendida, mirando hacia la ventana abierta donde descansaba un geranio rojo que me regaló hace poco mi madre. Antes de sentarme he buscado en youtube el video de La Habanera que pertenece a la ópera Carmen de Georges Bizet. Mientras la música, interpretada por María Callas, comenzaba a sonar me he sentado en la hamaca con la única finalidad de descansar la vista unos minutos. He mirado al geranio, un geranio rojo salpicado por el sol de la mañana y la brisa agitando sus hojas. He permanecido allí, con La Habanera sonando, el geranio en la ventana y mi cuerpo tendido en la hamaca. ¡Zas! A los poco minutos he vuelto de nuevo, la canción había terminado y me he sentido con suficientes fuerzas para volver al estudio. Pero antes, claro está, he venido al ordenador para escribir esta entrada.
Os dejo con el video de La Habanera. La hamaca y el geranio también.


Siempre vuestro.
Fumador.

lunes, 26 de abril de 2010

cosas de genios y ya


Entre las carpetas también encontré el artículo que Yao y sus alumnos de la universidad de Pekín habían publicado en la principal revista asiática de matemáticas. El artículo era posterior al de Grigori y se centraba en dar explicación a algunas de las presupuestos que no quedaban claros según los asiáticos en el texto de Grigori. Aquel artículo les valió la mención de honor en varios premios matemáticos como aportaciones a la argumentación sobre la conjetura de Poincare. Grigori se sintió ofendido ante tal dislate y recurrió a la universidad para reclamar la ilegitimidad de aquella publicación. Para evitar un enfrentamiento entre universidades, el decano de la facultad de matemáticas solicitó una revisión de la publicación y solicitó el reconocimiento de la originalidad del artículo para Grigori. Ante la primera negativa de la revista, en la que Yao era director, el decano se dedicó a excusarse y solicitar una revisión de la autoría durante dos cartas. A la tercera, decidió dejar estar el problema. Grigori vino aquí, a este mismo despacho, totalmente decidido a renunciar a su puesto de profesor si no se reconocía la autoría de las ideas utilizadas por Yao y sus alumnos. Intenté convencerle de que era un problema más profundo, que supondría un conflicto demasiado importante. Él se levantó de la silla enfadado y se marchó. Ya no le volvimos a ver por la universidad. De esto hace ya cuatro años.

La noticia de que los trabajos de Grigori habían sido reconocidos con el mayor premio de matemáticas que se había dado en la historia: un millón de dólares, nos dejó a todos un extraño sabor de boca. Quizá llegaba demasiado tarde. En el acta en la que se otorgaba el premio a Grigori se explicaban los motivos y en una frase final se reconocía también los importantes trabajos que sobre la obra había publicado Yao. Dos días después se hacía pública la noticia de que Grigori estaba desaparecido y no se le había comunicado aún el premio. Yo no daba crédito. Él seguía viviendo en casa de su madre, una anciana de ochenta años, en el mismo lugar donde había pasado toda su vida. Cuando Grigori se enteró del premio, volvió, tras cuatro años a este despacho y me preguntó: ¿qué debo hacer? Yo no le respondí y me dijo que necesitaba pensarlo.

Grigori había renunciado a las matemáticas. Vivía en un mundo irreal. Solo se preocupaba del estado de salud de su madre y de cobrar la pensión de doscientos cincuenta euros con la que vivían los dos. Prácticamente arruinado, aun era capaz de plantearse la posibilidad de renunciar al premio, como ya lo había hecho en otras ocasiones. Yo no podía comprender a Grigori y por eso, esta mañana, cuando lo vi en el metro le pregunté: ¿por qué? Aun estoy esperando una respuesta.