jueves, 12 de mayo de 2011

Huyendo con Corto Maltés

Aún tengo el temblor en las piernas, desde el dos mil cinco, cuando mi casa comenzó a moverse y vi que estaba en un lugar demasiado pequeño. Ayer, cuando supe que todo volvía tambalearse por mi tierra, cuando comprobé en la televisión (a pesar de los periodistas morbosos) que algunos edificios se venían abajo en Lorca, sentí la necesidad de buscar un espacio inmenso. Busqué en mi bibliorfanato personal. Saqué los cómics de Corto Maltés y viajé. De isla en isla, buscando puertos, encontrando pueblos aislados por Sudamérica y la Polinesia. Navegué con Boca Dorada, el Monje, con Rasputín y, aunque nada podía hacer por combatir contra la naturaleza, al menos encontré un lugar más amplio que mi patio estrecho o mis calles retorcidas de casco viejo.


Después encontré algún comentario en las redes sociales. Eugenio escribía en su perfil: “curarse en la literatura…” Creo que, de algún modo, todos estamos conectados, más allá del FB.


Desde aquí, un abrazo a los lorquinos y a todos los que se arriesgan a vivir sobre una falla.


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